Novios: ¿Cómo vivir un noviazgo bendecido por DIos?

P. Miguel A. Fuentes.
http://www.teologoresponde.org
¿Qué consejos me puede dar para vivir bien mi noviazgo?
El
noviazgo es querido por Dios, pues Dios ha hecho el matrimonio
indisoluble, y esa persona a la que vas a unirte para toda la vida,
debes conocerla
bien
Pregunta:
Pregunta:
Quiero tener un noviazgo santo, para un matrimonio santo. Tengo 24 años y mi novia 23, quisiera algunos consejos de su parte.
Respuesta:
Para responderte, entresaco y resumo algunos pensamientos del libro
Para Salvarte, del P. Jorge Loring[1]. Te recomiendo la lectura completa y atenta del mismo.
- La prudencia en la elección de la novia o del novio
La elección de tu pareja es cosa tuya. Pero debes hacerla con mucha
cautela. No te fíes de los flechazos, que son muy bonitos para novelas y
películas,
pero en la vida real poco útiles para hacer ellos solos, felices a los
hogares.
Tampoco te fíes sólo de tu vista, que ya sabemos que el amor ciega. Tu
madre podría hacerte en esto un excelente servicio. Ella te conoce mejor
que nadie; y ella, como nadie, desea tu felicidad; y su espíritu
intuitivo verá si la pareja que le presentas podrá hacerte feliz. Si
dudas del acierto de tu madre, consulta con una persona seria,
competente y desinteresada.
No olvides el proverbio ruso: «Antes de viajar por tierra, ora; si es
por mar, ora dos veces; y si te vas a casar, ora tres».
No se construye un hogar sobre la gracia de una sonrisa, sobre el
atractivo de un rostro, sobre la ternura de un instante. Se construye un
hogar
sobre todo lo que es esencia misma del yo: los pensamientos, los
deseos, los sueños, las decepciones, las penas, las esperanzas, las
alegrías, las tristezas.
Durante el estado de enamoramiento quedan notablemente alteradas las
facultades perceptivas y deductivas en todo lo que se refiere a la
persona
amada. Los defectos que existan en dichas personas no se perciben, las
cualidades se subliman… La mente ya no está equilibrada sino
profundamente inclinada hacia el objeto del amor. El enamorado idealiza a
la persona amada y la convierte en el centro de sus
aspiraciones. La fascinación que ejerce en ti la persona idealizada
puede ofuscarte y ocultarte la realidad. Podéis quedar totalmente ciegos
para ver datos y circunstancias que desaconsejan totalmente seguir
adelante. La fascinación puede ser engañosa. El
amor de un hombre y una mujer es algo muy serio y tiene que construirse
sobre cimientos muy sólidos.
Lo que debes valorar ante todo es el valor personal del pretendiente.
Después vienen las demás consideraciones: facha, rango, fortuna. Estos
dones
no son despreciables, pero no son esenciales.
Primero que sea cristiano; cristiano convencido, práctico. Y si es
piadoso, mejor. El matrimonio con un incrédulo suscitará conflictos de
conciencia.
Porque después planteará a los hijos el problema de la fe y las
prácticas de piedad. No basta, pues, que esté bautizado. Bautizados, no
practicantes, llenan las cárceles, y atormentan a sus esposas. Algunas
chicas se han engañado en este aspecto esencial de
su prometido y más tarde su esposo… Conscientes éstas de la
irreligiosidad de su novio, han ido al matrimonio, con la ingenua idea
de convertirlo. En la mayoría de los casos, el resultado ha sido nulo;
cuando no, fuente de disgustos profundos para esa joven
esposa.
Jóvenes piadosas y buenas, que se unieron en matrimonio con hombres
poco religiosos, o nada practicantes, han terminado por ser ellas igual.
Después debes tener testimonio claro de la seriedad y sobriedad del
muchacho. Ten cuidado con los calaveras; lo seguirán siendo, porque no
te
creo tan ingenua, que pienses, que así por las buenas, y por ti, va a
dejar ese hombre ciertos hábitos que ha adquirido tal vez con larga
experiencia: mujeriego, trasnochador, dado a la bebida, etc. El uso de
las bebidas alcohólicas es uno de los factores
más influyentes en los hogares desgraciados.
- Para ser realmente amada…
1) No tienes que ser provocativa.
La chica provocativa hace daño a los hombres, pero también a sí misma.
La belleza física es, ciertamente, un factor importante y, por eso,
debes
cuidarla y realzarla con esmero y naturalidad, aunque sin
exageraciones, extravagancias y descaros. El atractivo sexual atrae a
una parte del hombre, pero vosotras queréis como esposo al hombre
entero. No olvidéis que los hombres podrán buscar cierto tipo
de mujer para divertirse; pero buscan otro muy distinto para casarse.
La belleza femenina atrae a los varores, pero no es indispensable para
casarse. Los hombres buscan, lo que da realce y valor a la mujer: sus
encantos, su feminidad y sus virtudes.
2) Ser elegante… pero principalmente virtuosa…
Las muchachas deben ser elegantes en su modo de vestir y arreglarse, y
ser distinguidas, alegres, discretas y dulces en todo su modo de ser. No
descuides tu arreglo personal. Pero no quieras conquistar con sólo tu
belleza física. Haz que se enamoren más bien de tus virtudes
espirituales. De una mujer bella puede un marido cansarse; de una mujer
virtuosa jamás se cansará.
3)No ser pedante…
Para hacerte elegir no es necesario parecer pedante ni sabia. Al hombre
le gusta dominar, ser superior. Tiene miedo a una mujer que le
aventaje.
Ser culta sí, pero discretamente. Tampoco eligen los muchachos a las de
carácter autoritario, a las dominantes, a las de tono dogmatizante, a
las de gesto seco y rígido. Buscan el encanto, la dulzura, la
amabilidad. Escúchale cuando él te esté diciendo algo
de sí mismo y de sus cosas. Muéstrale atención e interés.
4) No ser caprichosa…
A un chico recto no le gustan las caprichosas, las mimadas, las que
tienen su cabecita llena de fantasía, cuyo humor cambia a todo viento:
hoy
alegres, exuberantes; mañana, deprimidas, pesimistas, tristes…
5) Prepararse para el hogar
Tu atractivo personal sirve para despertar la inclinación y el amor
hacia ti. Pero para que este amor sea perdurable hacen falta además
otras
cosas. El hombre se desespera con una mujer despilfarradora, que no
sabe administrarse. Quiere una mujer que saque partido a lo que él gana
con tanto esfuerzo. Le gusta la casa limpia, la ropa a punto, la comida
buena y a tiempo, etc. Todo tu atractivo físico
es incapaz de tener a tu marido contento si en estas cosas le
defraudas. Por eso todas las muchachas deberían aprender a llevar una
casa y tener los conocimientos propios de mujer: corte y confección,
costura, cocina, repostería, medicina, economía casera
y todo cuanto dice relación con el recto gobierno y administración del
hogar. El arte de ser madre es difícil y complicado. Necesita largo
aprendizaje.
6) El pudor
El pudor de la mujer es una de las cosas que más enamoran. Y el encanto
del pudor inmuniza de otros atractivos. El pudor es un sentimiento
íntimo
por el cual una mujer dándose cuenta de la belleza de su cuerpo y del
atractivo que ejerce, procura reservarlo para el día que pueda hacer don
completo y total de sí misma. Por eso el pudor se refleja en el modo de
vestir, en los modales y en todo. El pudor
sabe encontrar el equilibrio entre el ir agradablemente vestida y
elegante, y lo que resulta llamativo y provocativo. El pudor es la gran
muralla que defiende la castidad.
- En cuanto al novio
1) La pureza
También la mujer tiene derecho a la pureza del hombre. Mira lo que
escribía una muchacha que había guardado inmaculada su pureza: «Exigiré
que
mi futuro marido se haya guardado como yo misma para nuestro hogar». El
mejor regalo de bodas que puede esperar una persona es la virginidad de
la pareja con la que se va a casar.
2) Respetar la pureza de su novia y elegir entre las castas…
Hay que volver a la caballerosidad respetuosa con la mujer viendo en
ella la futura madre de los hijos, digna de todo cariño, veneración y
respeto,
y no tratándola como un trapo viejo que se mancha y luego se tira.
¿Te gustaría que quien te ha de pertenecer para siempre, antes de
conocerte, ya lo hubiera probado todo? ¿No, verdad? Acuérdate de tu
madre. Tu
novia ha de ser la madre de tus hijos. Acuérdate de tus hermanas y de
tus futuras hijas…Trata a tu novia hoy como te gustaría que los demás
las traten a ellas. No quieras tratar a tu novia como a una de esas
desgraciadas que se venden en las casas lujuriosas.
¿Elegirías entre éstas a la madre de tus hijos? Un hombre, como Dios
manda, se avergüenza de que su novia sea una prostituta. Y a una mujer
decente la humilla y avergüenza el verse tratada como una tal. Lo que a
ella le ilusiona es un amor muy superior: el
que culmina en un hogar y en unos hijos. Respeta a tu novia como
quieres que se respete a tu madre. Los sacrificios que por el bien de
ella te impongas, son prueba de que tu amor es verdadero. Si quieres a
tu novia de verdad, debes querer su bien antes que
tu gusto. Eso es amarla. Un joven que quiere a una muchacha, en lugar
de hundirla, rebajarla, profanarla, instrumentalizarla, denigrarla,
mancharla con los deseos de su instinto, procura por encima de sus
apetencias elevarla, dignificarla, sublimarla. Respeta
a tu novia, aunque ella no sepa hacerse respetar, ni defender, con su
pudor, el tesoro de su pureza.
Busca una novia que te guste. Pero no te dejes encandilar por la
fachada, que es pasajera; y si no está sostenida por las virtudes del
espíritu,
pronto te cansará y perderá para ti todo su atractivo. Aprende a
enamorarte del carácter y de las virtudes del alma, que son estables y
son realmente las que hacen digna de estima a una persona. Aprende a
estimar más los dones del alma que los del cuerpo.
Puedes casarte con una estrella de la pantalla y ser un desgraciado,
como tantos divorciados del cine. En cambio, si te casas con una mujer
amable, dócil, servicial, sacrificada, generosa, limpia, discreta,
honrada, virtuosa, dulce, femenina, habilidosa, delicada,
de buen corazón, que sepa llevar una casa y sea capaz de criar y educar
los hijos y, sobre todo, muy cristiana, te profetizo un matrimonio
feliz.
3) Estudia a tu novia…
Cuando
salgas con tu novia aprovecha todas las ocasiones para estudiar su
carácter y modo de ser. ¿Has examinado si le gustan los niños, si los
acaricia, si goza con ellos; o por
el contrario le ponen de mal humor? ¿Es trabajadora y sacrificada, o
sólo piensa en divertirse? ¿Sabe cocinar y coser? ¿Sabe llevar una casa,
o lo único que sabe es bailar mucho y coquetear con el primero que se
le acerca? ¿Le gustan las labores de la casa,
o sólo piensa en presumir por esas calles? Si no atiendes ahora a todas
estas cosas, es muy posible que después de casado te lleves un gran
desengaño. Que a tu novia le guste la casa. Si ella no se ocupa de la
casa, prepárate a vivir en una pocilga. A no ser
que tú te conviertas en ama de casa. Si quieres ayudar un poco a tu
mujer, harás muy bien. Pero qué duda cabe que la encargada de la casa
debe ser la mujer, que está especialmente dotada para ello. Los hombres,
generalmente, hacemos estas cosas muy mal. Es
muy importante que los novios se conozcan muy bien antes de casarse.
- Para los dos…
1) Conocerse… pero no pecar…
El
tiempo del noviazgo es para conocerse mutuamente, para amarse
rectamente. El noviazgo es querido por Dios, pues Dios ha hecho el
matrimonio indisoluble, y esa persona a la que
vas a unirte para toda la vida, debes conocerla bien antes de casarte
con ella. Por lo tanto, es natural -y así lo quiere Dios- que durante
cierto tiempo tengáis más confianza entre vosotros y un trato más íntimo
para conoceros mejor. Pero debéis ser muy discretos
en las manifestaciones de amor, si no queréis manchar vuestras
relaciones. No podéis permitirle a vuestro cariño muchas de las cosas
que él os pide con fuerza. Es necesario que aprendáis a llevar vuestro
noviazgo con la austeridad que exige el Evangelio. Si
sembráis de pecados el camino del matrimonio, ¿podréis esperar con
confianza que Dios os bendiga después? ¡Cuántos matrimonios lloran los
pecados que cometieron de solteros!
2) Llegar «puros» al matrimonio.
El mejor regalo de bodas que espera una persona es la virginidad de su
pareja. Toma este precioso lema: «Fieles hasta la muerte y puros hasta
el altar». Algunas veces las chicas ceden ante las exigencias inmorales
del hombre a quien aman; no se atreven a resistirle. El muchacho te
quiere pura, fragante como una flor. Si te marchitas pierdes tu
atractivo. Mi experiencia sacerdotal me ha hecho conocer
varios casos que se decidieron a elegir a una chica antes que a otra,
atraídos precisamente por la intransigencia en la pureza que en ellas
habían observado. Y es que los varones cuando buscan una «chica-plan»
para divertirse y aprovecharse, la quieren fresca;
pero cuando lo que buscan es una novia en serio, la quieren de una
pureza intachable. A nadie le gusta comerse las sobras que otro dejó en
el plato. Por eso la pureza es uno de los mayores tesoros de una
muchacha. Un hombre, como Dios manda, se avergüenza
de que su mujer haya sido una aventurera. Mira lo que decía un joven en
una carta: «¿Cómo me gustaría mi futura esposa? Más bonita de alma que
de cuerpo, aunque sin descuidar esto último. Más piadosa que rezadora.
Con más cultura religiosa que de cualquier
otro tipo, aunque no desdeñe la cultura general». No he añadido ni una
palabra. Así piensan los jóvenes formales cuando hablan en serio.
¿Quieres en resumen unas cualidades femeninas que cautivan a los
muchachos? La sencillez, el encanto, la sonrisa, la delicadeza,
la amabilidad, la servicialidad, la dulzura, el candor, unidas todas a
una sólida piedad y a una pureza intachable.
Quien profanó tu cuerpo no tiene dificultad en profanar tu fama: ¡Lo
que hizo contigo se lo contará a sus amigos! ¿Puedes imaginarte los
comentarios
que harán de ti? ¡Qué vergüenza! Esto ocurre con mucha frecuencia;
créeme. El hombre que pide libertades impropias a una mujer antes de la
boda, puede hacerlo porque la desea con violencia, con pasión
desenfrenada, pero ten por cierto que no la ama bastante
para protegerla contra el animal que hay en la propia naturaleza
masculina. Si tu novio pretende de ti cosas que no admite tu conciencia,
recházalo, y cuanto antes, mejor. No te hará feliz. Lo que tiene no es
amor a ti, sino a sí mismo, a su concupiscencia
y a su egoísmo. Si te amara a ti, buscaría tu bien por encima de sus
apetencias. Y si prefiere sacrificar tu pureza, tu conciencia y tu alma a
su apetito desordenado, ¿cómo vamos a creernos que te ama a ti? Quien
te ame únicamente podrá cegarse en un momento
de pasión, pero al chocar con tu rectitud intransigente, reconoce su
falta, te pide perdón y se siente orgulloso de tu virtud.
No lo olvides. Los pecados impuros con tu novio, te hunden a ti y le
hunden a él. Por eso es mentira cuando te dice para que cedas: «es que
no
me quieres; parece que no te intereso; qué fría eres». Ataca tus
sentimientos para rendirte. Pero esto es un truco muy viejo; si caes en
la trampa, te arrepentirás. Y si él te quiere de verdad, también se
arrepentirá de haberte hecho caer, pues, te repito,
los varones no quieren casarse con las libertinas. Esto ocurre siempre
entre los muchachos que valen. Y si algún muchacho prefiere casarse con
una desvergonzada, porque es bonita o tiene buen tipo, ese muchacho es
tonto. Creer que la belleza de su mujer le
va a hacer feliz en el matrimonio por encima de otras cosas, es no
tener cabeza. Y desgraciada la que se casa con un tonto. Pero en fin,
tonto él y tonta ella: ¡Tal para cual!
Si Dios pide pureza a las chicas, no es por capricho; sino porque es
necesario para la felicidad de su matrimonio. No me digas que cedes por
amor
a él. Todo lo contrario. Si le amas, no puedes ceder; pues pecando le
haces el peor de los daños: le condenas al infierno. Si le amas,
sálvale. Aunque esto exija sacrificios. Dejarle pecar no es amarle, es
matarle.
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Bibliografía para profundizar:
Loring, Jorge,
Para salvarte, (hay varias ediciones), n. 68.
Buela, Carlos,
El noviazgo católico, Diálogo 4 (1992), 7-22.
[1] Loring, Jorge,
Para Salvarte, n. 68.
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