María y la Nueva Evangelización
Valentina Cecily Brunner Halpern
La Iglesia, ya desde el pontificado de Juan Pablo II, ha hecho un fuerte llamado a un apostolado renovado, a un nuevo proceso de evangelización. ‘Con la ayuda del Espíritu Santo, esta evangelización, por así decir ordinaria, debe ser animada por un nuevo ardor. Es necesario buscar nuevos métodos y nuevas formas expresivas para transmitir al hombre contemporáneo la perenne verdad de Jesucristo, siempre nuevo, fuente de toda novedad’[1]. Ante un mundo que ha avanzado y que ha cambiado muy rápidamente, que en un sentido se ‘reinventa’ todo el tiempo, el anuncio del Evangelio tiene que llegar a todos. Para eso, el apóstol debe ser creativo, audaz, debe anunciar a Cristo con parresía, debe mirar las características particulares de las personas del lugar en donde se encuentra (inculturación). Todas estas características nos remiten a María, que es el paradigma del apóstol.
En la Visitación[2],
María nos enseña a ser audaces, serviciales, a anunciar a Cristo y no a
nosotros mismos. En Caná ella dice “haced lo que Él os diga”[3]
y nos enseña que siempre debemos poner a Jesús en el centro del apostolado. Por
último, vale la pena destacar su aparición en el Tepeyac, totalmente
identificada con el pueblo mexicano. Nuestra Señora de Guadalupe “se aparece en
el mismo lugar donde se veneraba a la diosa azteca Tonantzin, madre de todos los pueblos y de todos los dioses. Es una
virgen mestiza que habla con Juan Diego en náhuatl,
el idioma de los indios del lugar. En la comprensión de los nativos, es una
princesa, y más grande que todos los dioses indígenas, porque oculta al sol y
está de pie sobre la luna, que para ellos simbolizaba el poder del mal”[4].
Podemos entonces concluir que ‘dentro del
designio divino de reconciliación María tiene un lugar muy preciso en la
transmisión de la fe’[5].
La presencia de María en un mundo marcado por las
rupturas
“Mientras
el mundo siente con tanta viveza su propia unidad y la mutua interdependencia
en ineludible solidaridad, se ve, sin embargo, gravísimamente dividido por la
presencia de fuerzas contrapuestas. Persisten, en efecto, todavía agudas
tensiones políticas, sociales, económicas, raciales e ideológicas, y ni
siquiera falta el peligro de una guerra que amenaza con destruirlo todo”[6].
¡Cuán actuales resultan estas palabras pronunciadas ya hace 50 años! Las cosas
no han cambiado mucho. En medio de este contexto mundial, María se alza como
defensora de la paz. Ella, llevando a Cristo, carga también con su mensaje “la
paz con vosotros”. Vale la pena remitirnos nuevamente a la acción de Nuestra
Señora de Guadalupe en la primera evangelización de Latino América, en donde
Ella aparece como reconciliadora de dos culturas en pugna: hispanos e indígenas,
pueblos que incluso por momentos llegaron a la guerra abierta y declarada y que
finalmente, bajo la acción de Nuestra Señora, convivieron juntos y dieron
origen a un nuevo sujeto histórico, el mestizo[7].
María esclarece la identidad de la persona humana

Ante esto, María, “como
Luna reflejando al Sol de Justicia… coopera en mostrar el sentido de la
identidad y destino de la persona humana”[9].
Ella nos muestra que su identidad personal está indesligablemente unida a
su vocación. Santo Tomás de Aquino decía: “a aquellos a quienes Dios elige para
una misión, los prepara y dispone de suerte que sean idóneos para desempeñar la
misión para la que fueron elegidos”. Así, María, la concebida Inmaculada, al
responder ‘hágase’ a la misión que Dios le encomienda, enseña a todos los hijos
de la Iglesia que nuestra naturaleza responde a una determinada misión, y que
solo seremos felices si respondemos al Plan de Dios[10].
María como modelo para la mujer

Esto nos lo
muestra María, Virgen y Madre, y por los tanto, modelo para todas las mujeres
en cualquiera de sus estados. Si contemplamos a María en los diversos pasajes
del Nuevo Testamento, veremos que Ella vive en todos ellos una auténtica
femineidad, ya la veamos sirviendo a su prima Isabel, atenta a las necesidades
de los demás en Caná, obediente a la Palabra de Dios, firme al pie de la Cruz o
en medio de la comunidad de los apóstoles en Pentecostés, su actitud nos habla
de una recta comprensión de la mujer.
Cuando la mujer
actúa en coherencia con su naturaleza y misión, ella es acompañada de María.
Santa Teresa Benedicta de la Cruz decía: ‘existe una cooperación de María
doquiera que una mujer cumple su misión femenina, del mismo modo que la
colaboración de María está presente en toda la actividad de la Iglesia’.[12]
María como centro de la comunidad cristiana en un
mundo individualista
“Las relaciones
humanas se multiplican sin cesar y al mismo tiempo la propia socialización crea
nuevas relaciones, sin que ello promueva siempre, sin embargo, el adecuado
proceso de maduración de la persona y las relaciones auténticamente personales
(personalización)”[13].
Nuevamente, las palabras del Concilio Vaticano II nos parecen totalmente actuales.
La tecnología y los medios de comunicación sociales han disminuido las
distancias entre las personas, pero nos han introducido en un mundo virtual, en
el que las personas pueden asumir cualquier personalidad, diferente a quienes
son; lo que a fin de cuentas termina por aislarlos, volverlos personas
individualistas, anhelantes de comunión pero solas.
María de
Pentecostés nos muestra que estamos llamados a formar comunidades en torno a
Ella, así, podremos ser una comunidad abierta a la acción del Espíritu Santo,
en donde hay un verdadero encuentro, y no una simple ‘comunicación virtual’.
[1] Sínodo de los obispos, La
Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana: Instrumentum
laboris: prefacio, Ciudad del Vaticano, 2012
[2] Lc 1, 39- 45
[3] Jn 2, 1-5
[4] Gustavo Sánchez Rojas, María
y la primera evangelización de América Latina, Comisión Episcopal de
Apostolado Laical, Lima, 1992, pg. 7
[5] Ibíd., pg. 5
[6] Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, 4
[7] Ver Gustavo Sánchez Rojas, María
y la primera evangelización de América Latina, Comisión Episcopal de
Apostolado Laical, Lima, 1992, pg. 12
[8] Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, 4
[9] Luis Fernando Figari, En
compañía de María, Vida y Espiritualidad, Lima, 2002, pg.
[10] Lc 1, 45
[11] Encontramos un pensamiento de la ideología
de género en la siguiente cita: “Pensamos que ninguna mujer debería tener esta
opción. No debería autorizarse a ninguna mujer a quedarse en casa para cuidar a
los hijos. La sociedad debe ser totalmente diferente. Las mujeres no deben
tener esa opción, porque si esa opción existe, demasiadas mujeres decidirán por
ella”. Christina
Hoff Sommers, Who stole feminism?, Simon & Shuster, New York, 1994, p. 257
[12] Edith Stein, La Mujer su papel según la
naturaleza y la gracia, Editorial Palabras, Madrid, 1998, pg. 300
[13] Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, 6
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