EL NOMBRE DE DIOS
Después del exilio en Babilonia (587-538 a.C.), se ha tornado
prohibido a los judíos proferir el nombre de Yaweh. Afirma Flavio Josefo que
este era “el nombre que se escribe, pero no se lee”. El nombre santo sólo era
proferido por el Sumo Sacerdote cuando entraba en el “Santo de los Santos”, en
el día del Yon Kippur (expiación
anual), o por los demás sacerdotes al bendecir el pueblo (Nm 6, 23-27). En
consecuencia, a partir del siglo IV a.C., el tetragrama yhwh era leído como Adonay
(mi Señor). En el siglo VI d.C., la escuela masorética intercaló las vocales
entre las consonantes hebraicas, fundiendo entonces los dos nombres,
resultando:


Ad O
nAy[1]
Esta pronunciación – Jehová – es atestiguada por primera vez
en 1270 por Raimundo Martini en la obra Pugio
Fidei. Los protestantes en el siglo XVI adoptaron la pronunciación Jehová.
[1] La primera a es muda, correspondiendo a la e del español. La y no es vocal, sino semi-consonante, pudiendo ser transliterado por
j.
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